Sagradas Órdenes

ADMISIÓN A LAS SAGRADAS ÓRDENES

 Se trata del primer paso.

En la introducción que encontramos en el «Pontifical y Ritual Romanos» nos dice:

El rito de admisión como candidato al diaconado y al presbiterado se celebra cuando el aspirante idóneo ha llegado ya a una suficiente madurez personal.  El aspirante debe manifestar públicamente su intención de recibir las órdenes sagradas.  Por su parte, el obispo, acepta también públicamente esta intención. Este rito por su naturaleza no debe nunca unirse con las órdenes sagradas ni con la institución de lectores y acólitos”.

De acuerdo al ritual se trata de una presentación del candidato ante la asamblea cristiana y una petición a la misma que pida por él para que  llegue a cumplir el  santo propósito.

Tanto en ésta como en la institución de ministerios no hay previsto otro rito externo alguno, como por ejemplo revestir con un roquete (cota o blusa larga que se usa sobre la sotana) o con un alba, no obstante se suele hacer.

 MINISTERIOS

Recordemos que la palabra «ministerio» significa servicio. Por lo tanto se trata de la capacitación para un servicio. Son los mismos ministerios que se confieren a laicos, sólo que con diferente intención. El seminarista lo recibe en vistas a irse “configurando” como servidor de la Palabra, en primer lugar y luego de la Eucaristía.

El fundamento doctrinal lo conseguimos en el «Motu Propio» promulgado por el Papa Pablo VI el 15 de agosto de 1972 y cuyo largo título es “CARTA POSTÓLICA PUBLICADA “MOTU PROPRIO” POR LA CUAL SE MODIFICA LA LEGISLACIÓN ACERCA DE LA TONSURA, ORDENES MENORES Y SUBDIACONADO EN LA IGLESIA LATINA” (Se refiere a los pasos que se daban antes precisamente de ser publicada esta carta apostólica).

LECTORADO

La institución del lector la hace el Obispo. El rito consiste en una bendición al candidato y la entrega del libro de la sagrada Escritura.

El servicio que prestará lo encontramos reflejado en la “homilía” que propone el Pontifical:

Una vez constituido lector, o sea, mensajero de la palabra de Dios, prestarás la cooperación en este encargo y, por lo mismo, recibirás un ministerio especial para con el pueblo de Dios y para el servicio de la fe, que tiene raíz y fundamento en la palabra de Dios.

Proclamarás la palabra de Dios en la asamblea litúrgica, educarás en la fe y prepararás para recibir los sacramentos a los niños y adultos , anunciarás el mensaje de salvación a quienes aún  lo desconocen.

Cuando anuncies a otros la palabra de Dios, sed dócil al Espíritu Santo, y y tu mismo recibe la pesa palabra, medítala con diligencia, para que progresivamente vayas adquiriendo el suave y vivo afecto a la palabra divina; y que tu vida de testimonio de nuestro Salvador, Jesucristo”.

ACOLITADO

La institución del acolito la hace el Obispo.  El rito consiste en una bendición al candidato y  la entrega del copón o del cáliz. El servicio que prestará lo encontramos reflejado en la “homilía” que propone el Pontifical.

A ti pues de te confía la misión de ayudar a los presbíteros y diáconos en su ministerio y distribuir, como ministro extraordinario, la sagrada comunión a los fieles, incluso a los enfermos.  Ya que vas a ser destinado de un modo especial al ministerio eucarístico, debes vivir desde ahora más íntimamente unido y más perfectamente identificado con el sacrificio del Señor;  procura, pues,ir captando el sentido más íntimo y espiritual de las acciones que realizas, de tal manera que, cada día, te ofrezcas tú mismo al Señor, como sacrificio espiritual que Dios acepta por Jesucristo.

 Al realizar tu ministerio, conviene que recuerdes que, de la misma manera que participas con tus hermanos de un mismo pan, así también formas con ellos un solo cuerpo. Ama, pues, sinceramente este cuerpo místico de Cristo, es decir, el pueblo de Dios”.

Notas:

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